martes, 18 de mayo de 2010

Frutas del bosque

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Es un mediodía brumoso de esta primavera que, hasta ayer mismo, no parecía que lo fuera. Hacía seis años, una enormidad, que no habíamos tenido la oportunidad de vernos. Bueno, vernos, abrazarnos y sobre todo charlar. Charlar, lo que se dice charlar, solamente lo hacía ella. Yo me conformaba con escuchar, sonreir y, a veces, asentir.

¡ Seis años !. Parece imposible que una distancia de doscientos kilómetros se haya conformado como una frontera. Como una tierra de nadie en la que enterrar sentimientos y recuerdos.

Y en seis años pueden ocurrir muchas cosas. Una separación dolorosa, traumática y totalmente imprevisible. Una enfermedad desgarrada, triste, llena de desolación. El alzheimer de la abuela ha cambiado su vida y la de los que la rodean.

¡ Señor...!. El alzheimer, esa enfermedad hacia la que caminamos inexorablemente. A mayor longevidad más posibilidades. ¿ Qué pasa, que antes no había personas con alzheimer ?. Sí, las había. Claro que las había, pero se las escondía. Era una enfermedad desconocida y vergonzante. Mejor esconder y disfrazar.

-  ¿ Sabes ?, te hemos preparado un menú que te va a gustar. Comenzamos con unas "llispinas" de cecina, con unas gotas de aceite de oliva. Continuamos con unas patatas a la importancia, al estilo de la abuela. Para finalizar, unos picantones caseros, mantecosos, con hierbas aromáticas. El vino lo pones tu.

¡ Dios mío !. Ya lo había olvidado. Las patatas a la importancia de la señora Ana. Algo distinto a cualquier plato con ese nombre, sea donde fuere. Y los picantones de corral, seleccionados y en su justo momento y medida. La cecina, aquí siempre ha habido buena cecina. La mejor cecina del mundo.

-  Tengo un postre que no conoces. ¿ Sigues siendo golosón ?.

-  Tenemos preparados unos cuencos de musse de queso de Valdeón, batido y mezclado con clara de huevo y unas frutas del bosque. Las frutas las recogimos en los paseos de la abuela, en el otoño. Arándanos, moras, fresas, frambuesas y cerezas, guardadas desde finales de la primavera pasada. Bien congeladas conservan todo su aroma y textura.

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Los murmullos de la tarde. Las voces suaves al oido de la abuela. La penumbra de la luz que va cayendo despertaron mi alarma interior.

- Me tengo que ir. Ha sido un día perfecto, magnífico, insuperable.

- ¿ Por qué no te quedas ?. La habitación de Víctor está preparada y podremos alargar la cena con unas infusiones caseras.

- ¡ Imposible !. No me he traído mis medicamentos y no había previsto esta posibilidad.

Sí. Mejor marcharse. No conviene asomarse al abismo de lo desconocido. Uno puede huir de un peligro o de un empacho de felicidad con frutas del bosque.

Comentarios

¡vaya, me alegro de tu resurreción, yo ya sabía que estabas bien pero presentía tu melancolía, pero bueno por lo que veo no era único en hecharte de menos en el blog y que explosión de primavera con lo que me gustan todas esas frutas ....................................!

Me alegro . besos

Una vez más sacas lo mejor de ti mismo en estos textos tan intimistas

QUE HERMOSA Y TIERNA FOTOGRAFIA, ERES MUY ROMÁNTICO, ME ENCANTARÍA DISFRUTAR DE UNOS MOMENTOS ROMANTICOS CONTIGO PASEANDO POR EL BOSQUE Y SABOREANDO ESAS TENTADORAS FRUTAS, COMO SI FUERAS EL CESAR DE ROMA Y YO UNA PRINCESA.

¡Volvió Jeronimo! ...¡y de que manera !...abriendome el apetito con las cosas que cuentas y como las describes,ahora que me tienen prohibido comer de casi todo y tengo el apetito desboradado desde que deje de fumar... Tiene que ser pecado, comer lo que cuentas, por fuerza tiene que ser pecado...¡Con que gusto me haria pecador!.



Uno puede huir de muchas cosas pero a mi me sería imposible huir de un "empacho de felicidad con frutas del bosque". Si de algo hay que morir, ¿ por qué no de un empacho de estos ?.

Después de la proposición de ASORAM, mi post tiene poco sentido...jajajaja.

Me he creído saboreando esos manjares hechos en una lumbre, aunque quizás sea demasiado... Lo que me encantaría, para los que somos de otra época y latitud, es la receta de las patatas a la importancia de la Sra. Ana... aunque te quedaras en el tintero su secreto mejor guardado...

Gracias por volver a escribir. Un saludo.

La receta de las "Patatas a la Importancia" se basa en un casi imposible equilibrio entre la cocción y la fritura. Unas buenas patatas, si son de Xinzo de Limia tanto mejor. Un cortado en lajas, ni gruesas ni delgadas, que permitan una manipulación sin romperse. La Señora Ana primero les daba un golpe de fritura en la sartén. A continuación un rebozado en huevo y harina, para terminar en la cazuela de barro con el aceite sobrante y un caldo de hueso de jamón. A medio guiso se le anadirían unas lajas de cebolla tierna o cebolleta y un mortero con un poco de ajo, perejil, orégano y alguna hierba misteriosa de la huerta que nunca supe descifrar. El truco de la Señora Ana era incluir unos taquitos muy finos de jamón serrano, cuando las patatas se cubrían con su característico color dorado.
He comido "Patatas a la Importancia" en algunos templos de la gastronomía popular, tales como Casa Teo en San Andrés del Rabanedo. Casa Luisón en Villaobispo de las Regueras. En Jiménez de Jamuz. En Ledesma. En Sepúlveda y en otros sitios. Ninguno parecido a las de la señora Ana.
Gracias, Manqueospese, y a todos por quererme tanto !. Un abrazo.

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