martes, 26 de marzo de 2013

Melancolía



El otro Machado, Manuel, dejó escrito:

"Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía... Historias
que tienen casi blancos mis cabellos."


Habitualmente, en mi discurrir vital, las melancolías me son más propicias en otoño. Me acompañan en esos días lánguidos, de luz mortecina, y yo me dejo llevar con gana.

En esta primavera incipiente, de días de lluvia, vivo en la penumbra de una melancolía que no es tristeza ni pena, más bien una mezcla de añoranza salpimentada con pizcas de una cierta hipocondría.

La siempre precaria salud ha sido y es una daga que pende ahora y antes de un fino cordel, pero uno ya se ha ido acostumbrando a ello. Tal vez el entorno familiar, con sus cuitas, ha aumentado la zozobra de una deriva  que a veces no lleva un rumbo cierto. No pierdo la esperanza de que una mañana cualquiera, al asomarme a la ventana de mi rutina, aparezca en el horizonte la filigrana de un nuevo camino por andar.