jueves, 5 de abril de 2007

Santo Potajero

 La Bañeza, província de León. Miércoles Santo, 13,00 horas. Precesión del Santo Potajero o "Potajerín" como cariñosamente se le conoce en la calle. Se trata de la continuación de una vieja tradición que arranca en 1615, según consta en la Santa Regla de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y la Soledad:
"....quedando la Cofradía obligada a dar de comer a los pobres una olla de vaca y carnero, a la que se añadirá algún principio más según convenga...."
Actualmente la tradición nos ha dejado un "Menú Potajero" para más de 2.000 raciones, en tarteras de barro de la cercana y famosa alfarería de Jiménez de Jamuz. Este menú, a base de los conocidos y mantecosos garbanzos de la Vega de La Bañeza, sabiamente cocinados con arroz, perejil y porretos tiernos, acompañando sus buenas porciones de bacalao guisado con pimentón y ajo, se reparte gratuitamente a toda una muchedumbre de mayores y chiquillos, que tal si fuera el milagro de "los panes y los peces", llega para la degustación de todos en la propia calle, jardines y rincones de la laboriosa villa. Para que ello sea posible, antes de amanecer, a eso de las cuatro de la madrugada, se preparan las enormes ollas en el patio del edificio de la Cofradía.

Por la mañana, antes de que este menú llene de calor y alegría los estómagos de la muchedumbre, se procesiona una pequeña y entrañable talla del "Santo Potajerín", portado a hombros de un grupo de niños, sin capirotes ni capuchones, llevando una corona  de cordel o laurel, al estilo de los viejos tiempos en los que los cófrades los usaban de esparto.

Se comenta popularmente un hecho curioso. Haga frío o calor no es habitual que la lluvia venga a interrumpir esta procesión, prodigio de sencillez, tradición y religiosidad. "El manto de Nuestra Señora de las Angustias y la Soledad hace posible esta tradición año tras año", comenta el presidente de la Cofradía.

La numerosa afluencia de mayores y chicos, con sus tarteras, cazuelas y cacharros, da un colorido especial a esta celebración de la que no se conoce réplica o similitud en ninguna otra parte.

Todo esto es posible con el cariño y hospitalidad de las mejores gentes que uno pueda conocer. Enhorabuena a La Bañeza y sus nobles habitantes! .


Fui invitado a este evento por mi buen amigo Felipe De La Patrona Gutiérrez Fernández, al que todos conocemos cariñosamente como "Felipón". Fue una entrañable jornada en la que tuve la oportunidad de compartir mesa con el nuevo sacerdote de la Parroquia de Santa María, D. Jerónimo, tocayo y compañero de mis años en el seminario Menor de San José de La Bañeza. Hacía más de treinta años que no nos habíamos visto. Él dedicado a la docencia y yo a mi profesión dispersa por distintas geografías. ¡ Mucha suerte, amigo Jerónimo !. La Bañeza y su parroquia de Santa María es un buen destino !.

También conocí al sacerdote de Requejo de La Vega, D. Pedro. Resulta que se trata del cura joven que el escritor berciano, afincado en Barcelona, Ramón Carnicer, menciona en su libro "Donde las Hurdes se llaman Cabrera". En el año 1962, en el que se produce el viaje de Carnicer por la cuenca del río Cabrera, era D. Pedro el sacerdote de Castrillo, que con Saceda, Noceda y Marrubio componían el viejo dicho de: "Castrillo, Saceda, Noceda y Marrubio los cuatro lugares que Cristo no anduvo". Recomiendo la lectura de este libro, equiparable al "Viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela, aunque menos conocido.

Así mismo, a mi izquierda, se sentaba otro sacerdote bañezano, que rige la conocida y apreciada parroquia del Salvador, D. Arturo. Lo recuerdo, muy joven y buen mozo, cuando nos impartía los cursillos espirituales.

Allí estaban un grupo magnífico de bañezanos, con su alcalde y buen amigo José Miguel Palazuelo. Julián García, creador de la conocida y respetada empresa Páramo, y tantos otros.

Manolo Núñez me presentó a otro viejo compañero de seminario, Tomás. Cuantos recuerdos, cuanta amistad y camadería compartidos !.

Gracias Felipón, por permitirme asomarme a mi primera juventud y a unos años en los que la mirada asombrada de un hijo de la lejana Cabrera dejaron huella y marcaron profundos surcos que aún perduran !.  


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